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    La obesidad se relaciona con la gravedad del COVID-19 pero no con su contagio

    En diciembre de 2019 surgió un agrupamiento de casos de neumonía en la ciudad de Wuhan (provincia de Hubei, China), la enfermedad causada por este nuevo virus se ha denominado por consenso internacional.
    Las personas con obesidad asocian un bajo grado de inflamación crónica que provoca mayor severidad de la enfermedad COVID-19.

    La obesidad es una enfermedad metabólica crónica que tiene un papel esencial en el desarrollo de la diabetes mellitus tipo 2, la dislipemia, la hipertensión arterial, y provoca un estado inflamatorio crónico.

    Actualmente la epidemia por el coronavirus 2019 afecta al sistema respiratorio y se han descrito factores asociados su severidad y peor pronóstico como son la edad, la presencia de enfermedades crónicas como DM2 o HTA y las que comprometen el sistema inmune. Por tanto, los factores de riesgo para las enfermedades infecciosas dependen tanto del huésped, del patógeno como del medio ambiente. 

    Según la Encuesta Nacional de Salud del año 2017, un 18,2% de hombres de 18 y más años y un 16,7% de mujeres padecen obesidad. En los grupos de edad de 18 a 64 años es superior el porcentaje de hombres que padecen obesidad. Las diferencias entre hombres y mujeres son mayores que en el caso de la obesidad, en todos los grupos de edad. Cifras que en estos últimos años han ido en aumento hasta llegar al 23,8% de la población.

    En Europa también hay índices muy altos de obesidad. Países como Turquía o Reino Unido, destacan por ser los que mayor porcentaje de personas con obesidad registran. Mientras que en Turquía el porcentaje es el mayor de Europa con un total un 32,10% de su población, en el Reino Unido es del 27,8 %. En el caso del Estado español, tenemos que hablar de un 23,80% de su población que sufre obesidad, como hemos mencionado.

    Durante la pandemia por el virus influenza H1N1 de 2009, la obesidad fue reconocida como un factor de riesgo independiente para las complicaciones de la influenza. Por lo tanto, es probable que la obesidad sea un factor de riesgo independiente para COVID-19. Recientemente hay estudios que informan que la obesidad es un factor de riesgo de complicaciones frente a la infección por COVID-19.

    En un análisis retrospectivo de 112 pacientes con infección por COVID-19 del Hospital Unión, en Wuhan, encontraron que el índice de masa corporal (IMC) entre 23-27,5 kg/m2 del grupo de mayor riesgo fue significativamente mayor (p = 0,003), que las personas con un IMC de 20-24,0 kg/m2, y los dividieron en dos grupos curados (84,8 %) y fallecidos (15,18 %). Entre los fallecidos, el 88,2% tenían un IMC > 25 kg/m2 teniendo significativamente (p <0,001).

    También hay publicaciones recientes relacionan a las personas con obesidad con un mayor grado de contagiosidad debido a que podrían exhalar el virus por más tiempo o favorecer la aparición de cepas más virulentas. Este escenario de diseminación de la iCOVID-19 favorecido por la obesidad no parece tener una relación clara. Cuando relacionamos el número de contagios de la población total en España (1,57% de la población total) frente al porcentaje población contagiada entre los países europeos con mayor grado de obesidad: Turquía, 0,29 % de su población o el Reino Unido con un 0,46% de su población.

    Por ello el elevado número de contagios en nuestro país, no se podría explicar desde el punto de vista causal por la obesidad de la población. Debemos tener presente que la obesidad existente entre la población, en nuestro país presenta un porcentaje inferior a la de los países mencionados.

    Como conclusión: La obesidad es un factor de riesgo de gravedad, pero no contribuye al número de contagios.