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    El peso psicológico tras una reducción de estómago

    La cirugía bariátrica es una terapia de éxito contra la obesidad, pero en algunos pacientes falla y vuelven a engordar. Los expertos apuntan a factores emocionales.

    Juan José pesa 140 kilos menos que hace un año. En septiembre de 2018 se sometió a una reducción de estómago y, desde entonces, no ha dejado de bajar de peso. Ahora ya puede salir a la calle pero, para él, “nada ha cambiado”. “Llegué a pesar 300 kilos. Ahora estoy en unos 160. Mi calidad de vida ha mejorado pero estoy igual que antes: salgo porque tengo que andar pero no me apetece, no tengo a dónde ir y no me gusta relacionarme con la gente”, admite. En términos clínicos, Juan José es un paciente de éxito de la cirugía bariátrica porque ha logrado bajar casi la mitad de su peso. Pero la depresión que arrastra desde mucho antes de la intervención, eclipsa ese triunfo. Según la Sociedad Española de Cirugía de la Obesidad (SECO), la tasa de éxito a los dos años es del 90%, pero a largo plazo, baja al 60%. Los expertos apuntan a factores psicológicos detrás del fracaso y defienden reforzar esta disciplina en el abordaje terapéutico.

    La situación psicológica del paciente, coinciden los expertos, juega un papel capital para entender el éxito de los tratamientos. De hecho, en la fase preoperatoria, el paciente ya se somete a una entrevista psicológica. Las enfermedades psiquiátricas graves, comportamientos alimentarios de tipo bulímico o la adicción al alcohol u otras drogas contraindican la cirugía. “Nos aseguramos de que entiendan la información recibida, los efectos secundarios, el autocuidado que han de tener. Miramos que no tengan un trastorno psicopatológico severo o que no estén en un momento de gravedad de su trastorno”, explica Rocío Basanta, psicóloga del Grupo Gallego de Tratamiento de la Obesidad Grave. Los profesionales estiman que un 50% de las personas con obesidad sufren algún trastorno de salud mental.

    Los pacientes de cirugía bariátrica están atendidos por un equipo multidisciplinar de cirujanos, endocrinólogos, psiquiatras, psicólogos y nutricionistas. Antes de la intervención, han de perder peso y empezar a adquirir hábitos saludables de alimentación y ejercicio. Los profesionales los preparan, además, para el postoperatorio. “Tienen tendencia a pensar que la cirugía te cambiará la vida cuando lo que cambia es el aspecto. No es un proceso fácil e instantáneo. Y bajar de peso de una forma tan rápida hace que el cuerpo sufra (estrías, pieles sobrantes) pero la gente tiene una expectativa muy alta”, explica Rocío Basanta, psicóloga del Grupo Gallego de Tratamiento de la Obesidad Grave.

    Pese a todo el control previo, a veces el éxito terapéutico es efímero y, tras la reducción inicial por la intervención, vuelven a ganar peso. “Los médicos nos centramos en lo que tiene por dentro, pero el paciente no vive aislado y, si vive en un ambiente obesogénico, todo es más complejo”, señala Albert Goday, endocrinólogo del hospital del Mar de Barcelona. El especialista ha participado en una investigación científica que calculó que, en 2030, el 80% de los hombres y el 55% de las mujeres tendrán exceso de peso.

    Las expectativas creadas también juegan en contra. “Nos encontramos con gente con una insatisfacción vital global que calma comiendo. Ellos creen que ese malestar viene por el peso pero, les quitas la obesidad y siguen igual. Seguramente tienen un problema de personalidad de base, dificultades de control de la impulsividad…”, explica Marina Díaz, vicepresidenta de la Sociedad Española de Psiquiatría.

    FUENTE: EL PAÍS